Conciencia política

Cobrar conciencia de las corrientes sociales y políticas subterráneas

 
Las personas dotadas de esta competencia

• Advierten con facilidad las relaciones clave del poder

• Perciben claramente las redes sociales más importantes

• Comprenden las fuerzas que modelan el punto de vista y las acciones de los consumidores, los clientes y

los competidores

• Interpretan adecuadamente tanto la realidad externa como la realidad interna de una organización

 

Un importante diplomático me dijo que cierto día se enteró de que acababa de ser nombrado «asistente del sobrino de la esposa del primer ministro» de una rica nación africana, que era quien realmente dirigía la política petrolífera de aquel país. De modo que inmediatamente solicitó ser invitado a una fiesta en la que podría conocer a aquella persona.

La capacidad de interpretar adecuadamente las realidades po­líticas resulta esencial para establecer el tipo de coaliciones que permiten que todo el mundo aumente su esfera de influencia sin que importe su rol profesional. En este sentido, las personas socialmente mediocres carecen de tal agudeza social y acaban viéndose traicionados por su misma falta de sabiduría política.

Una directora de formación y desarrollo de una de las empre­sas enumeradas en la escala de Fortuna 500 me pidió que la ayu­dara a idear un programa para directivos porque, como ella mis­ma dijo cándidamente: «la mayor parte de los jefes son prácticamente inconscientes de lo que ocurre a su alrededor».

Cada empresa dispone de su propio sistema nervioso invisible de conexiones e influencias. Y, si bien hay personas completa­mente ignorantes de este mundo subterráneo otras, en cambio, parecen ser plenamente conscientes de él. La posibilidad de co­brar conciencia de las corrientes que influyen sobre quienes to­man las decisiones depende de la capacidad de empatizar no sólo a nivel personal sino también a nivel colectivo.

En este sentido, las personas que disponen de una rica red de relaciones suelen saber perfectamente lo que está ocurriendo, y esta inteligencia social llega a incluir las realidades superiores que afectan a la organización. Las personas que sobresalen en el campo de las ventas suelen ser expertas en percibir las corrientes subterráneas de la empresa. Cierto trabajador “estrella” que era muy consciente de esas corrientes dio el siguiente ejemplo: «El nuevo vicepresidente de uno de nuestros principales clientes es­taba convirtiéndose en una “estrella” y en el “niño mimado” del gerente. Y, cuando nos dimos cuenta de que el gerente le había dado carta blanca, adquirimos cabal conciencia de la importancia de mantener una adecuada relación con él».

Los directivos de la mayor parte de las empresas suelen ser expertos en esta habilidad. Se trata de una competencia emocio­nal que resulta esencial para diferenciar a los jefes y directivos superiores -tanto más importante cuanto más elevado sea el nivel que ocupen- y que les permite, en suma, interpretar objetiva­mente las situaciones que se les presenten y responder eficaz­mente a ellas sin el sesgo distorsionante de sus creencias.

Los ejecutivos se ven obligados continuamente a armonizar puntos de vista o intereses aparentemente contrapuestos, ya sea dentro de la organización o en el mundo en general. Sin esta es­pecial sensibilidad política, pierden fácilmente de vista las múlti­ples perspectivas ofrecidas por sus compañeros, sus jefes, sus su­bordinados, sus clientes y sus competidores.

Las personas diestras en este aspecto son capaces de tomar una cierta distancia con respecto a sí mismas, dejar de lado su implica­ción emocional en los hechos y observar con más objetividad. Por esto, cuando se ven obligadas a abordar un conflicto interno de la organización, pueden asumir perspectivas muy distintas que les permiten comprender con bastante exactitud la postura de cada uno de los implicados, algo que resulta cierto a pesar del hecho de que casi todos tenemos algún tipo de prejuicio y opinión preconcebida sobre casi cualquier cosa (especialmente aquellas situaciones car­gadas emocionalmente). Esta competencia emocional se construye sobre el autocontrol y la empatía emocional que nos permite ver más allá del sesgo impuesto por nuestro propio punto de vista.

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